domingo, 4 de enero de 2009

El amor a uno mismo (AKA Ego)

Luego de hincharles las gónadas a mis queridos contertulios Mónica y Mechón, me han dado permisito para devolverles la mano y pasar de comentarista a bloguera en su terrorífica página.

Vengo de una flor de juntada con tales personajes. A pesar de que fue en mi casa, acabo de llegar luego de acompañar a mi querido esposo a dejar seguros en sus casas a estos dos personajes. La culpa fue mía, la conversación estaba demasiado buena. Varias personas probablemente quedaron con las orejas más que hinchadas, pero el derecho de decir quién se reserva y sus nombres no serán revelados.

El tema al que al final llegamos luego de analizar la vida amorosa ajena, es que la gran mayoría de las relaciones tienen como principal fuente de dimes y diretes el amor no al otro, sino a nosotros. Decía el caballero del Inri que el mandamiento fundamental es "Amar al prójimo como a ti mismo". Ojo: como a tí mismo. Eso significa que el cómo quieras a la persona amada será determinado en gran parte por cómo te quieres a tí. Y es por ello la principal fuente de conflictos en una relación de pareja.

Siguiendo con las citas, Pablo Huneeus dijo una vez que el amor es una barca para un ego y medio, siempre alguien va a tener que ceder una mitad para que se pueda navegar. El comentario es un poco pesimista: quizás exista posibilidad para que cada uno ceda un cuarto. Ahora bien, el por qué una persona termina dominando a la otra es un total misterio: cómo alguien permite, por ejemplo, que otra le dirija la vida es aún más misterioso. ¿No será que la otra persona débil, incapaz de guiar su vida, le deposita la responsabilidad a otro y es por lo tanto la que realmente la lleva? He conocido a gente que ha aplicado esa técnica y le ha ido genial. Aún cuando ello signifique que la otra persona termine con estrés doble por tanto peso en las espaldas. Nadie dijo que mandar fuera fácil.

Y es que pareciera que, como siempre, es el equilibrio la cosa que más convence. Que sea independiente, pero también cariñosa. Que él me deje libertad, pero que me consuele si tengo un mal día. Y así nos vamos por la vida, chocando con desequilibrios a cada rato, y pagando un costo emocional a veces demasiado alto por el ego del otro.

El ego es quizás LO que más se ve afectado luego del rompimiento de una pareja. Cuando se vuelve a ser uno, siempre hay un saldo de dignidad que se calcula centavo a centavo. Y empiezan a relucir el "por qué aguanté esto" "por qué no me di cuenta" "por qúe me dejó" y otras preguntas relativas. El saldo el 99% de los casos es negativo. Y viene la parte en donde el ego herido comienza a hacer su trabajo de reparación, levántandonos de las cenizas, reconociendo errores (ojalá ajenos, pues así se recupera más rápido) y tomando la experiencia como un gran aprendizaje, el cual más se acepta mientras más incólume haya quedado el ego. Y con el tiempo el ego se pone cada vez más mañoso, y busca (al menos en teoría) no volver a los mismos patrones anteriores. Y volvemos a tropezar con la misma piedra y volvemos al punto de partida.

Pero volvemos a intentarlo, siempre con más ganas. Pues el amor a uno mismo es una parte, pero jamás un todo. Amar y ser amado es lo que termina endulzando la vida, sacándonos de la inercia y motivándonos a cambiar nuestro entorno, ¡es el DJ de la fiesta! Ante tales beneficios, el Ego no tiene problemas en ceder parte de su territorio, aunque tenga grave riesgo de salir disminuido. Con suerte, puede ser que hasta aumente, y de una forma positiva.

Por ello, brindo por la gente que se atreve a entregarse con todo. 

2 comentarios:

Mely dijo...

¡Me gustó! La releeré más tarde =) Pucha que es cierto lo que dices.

Saludos.

Nori dijo...

Yo sigo sin poder evitar tirandome con todo a la piscina en situaciones semejantes...

besos a todos!